6/5/13

La vieja montaña rusa del Coney Island de La Habana

En el diario virtual Uusi Suomi han abierto un concurso de escritura con el tema: Mi mejor recuerdo de los parques de diversiones. Más por dar a conocer la forma de vivir en otras latitudes, de hacer ver la forma de divertirse de los jóvenes y niños en Cuba y por ver si es que como escritora tengo un poquito de esperanzas porque la esperanza es lo último que se pierde, decidí participar en ese concurso y mandé este texto que ahora les traduzco al castellano. El concurso es en finés.

Sebastián era siempre el primero. Siempre era el primero en despertarse, en pedir la palabra y responder y el primero en ayudar a los demás.

Esa mañana nos despertamos casi en la madrugada y Sebastián ya se había despertado mucho más antes que nosostros. De la escuela en el campo donde estábamos al parque de diversiones Coney Island de La Habana habían muchos quilómetros.

Antes de salir fuimos a la ducha, como todas las mañanas, y pasamos por el comedor tomando el desayuno que, por lo general, consistía en leche caliente y dulce y un bocadillo.

Del parque de diversiones recuerdo solamente la montaña rusa y como Sebastián nos saludaba muy divertido desde la cima. Después de su viaje en la montaña rusa, Sebastián nos dijo que quería ser piloto porque desde las alturas todo se miraba mejor. La montaña rusa de La Habana se parecía a la montaña rusa vieja y de madera de Linnanmäki, el parque de diversiones de Helsinki. La montaña rusa de La Habana crujía y daba miedo, por lo menos a los que no nos gustaba la velocidad del aparato.

A Sebastián le gustaba mucho y claro que era mejor sentarse en la montaña rusa contra el viento que esperar en el inclemente calor de agosto. Aún así, aunque abajo teníamos caramelos, algodón de azucar, helados y refrescos. Sebastián bajó sano y salvo para alegría de nosotros.

Volvimos a la escuela antes de la cena. Antes de ir a cenar, los muchachos decideron buscar aguacates del patio de la escuela. Los aguacates eran grandes, dos veces más grandes que los que venden en los supermercados de Finlandia: casi del tamaño de un melón. Los árboles de aguacate eran tan altos y gruesos como los viejos abedules.

Sebastián, siempre el primero, subió casi hasta la copa del árbol porque, según él, desde allí se miraba hasta muy lejos, hasta Miami. En un dos por tres la rama se rompió y el muchacho cayó al suelo. Corrimos y gritamos a los maestros, una ambulancia llegó pronto y se lo llevó. El muchacho salvó la vida. Fuimos al hospital y le llevamos aguacates. Unas semanas más tarde, Sebastián volvió a la escuela en silla de ruedas.

Sebastián estudió no para ser piloto, ni astronauta ni bombero sino que para ser abogado. Dicen que ahora trabaja en una organización internacional de renombre. Continúa siendo el primero.

Con ayuda de un amigo conseguí fotos de la vieja montaña rusa de madera de La Habana. La montaña rusa fue desmantelada hace unos 15 años, después de la caida de la Unión Soviética, al debilitarse la economía cubana. Ahora en ese lugar, los chinos han construido un nuevo parque de diversiones. En La Habana hay dos parques de diversiones. En el Parque Lenin hay una montaña rusa grande y brillante, pero no es de madera...ni es esa misma vieja y querida montaña rusa.

Gracias a Eddy Quiñones Vera por las fotos y la información actual.
Gracias a La Asociación de Amistad Finlandia-Cuba, a través de cuya página de Facebook pude contactar a Quiñones Vera.

La vieja montaña rusa de La Habana. Fotografía de Michael S. Horwood.

Aquí el texto en finlandés: Huvipuistomuisto: Havannalainen natiseva vuoristorata

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