5/6/11

Víspera junto al mar

Los años pasan y nos vamos poniendo viejos. La ley de la vida es así y eso pasa desde el momento en que nacemos. Yo nací en un lugar que le llamaban Palo Solo, en el mero corazón de Achuapa en Nicaragua. A pesar del nombre del lugar que me vio nacer, nunca he estado sola. Siempre he tenido la compañía de mis familiares y amigos.

En la víspera de mis cumpleaños, estuve junto al mar disfrutando de una tarde tradicional de sol en la casa de campo de otra cumpleañera. Lo pasamos de maravilla. Ver las aguas del Báltico, respirar su brisa y disfrutar de tan lindos paisajes me cargó las pilas, a como len Nicaragua se suele decir cuando recobran fuerzas.

Ver como la caña de pescar se mueve anunciando que cerca del ansuelo hay peces me trajo a la mente la triste preocupación por la situación de este bello mar. Me entristece pensar que algún día ya no existan peces. Eso puede pasar si los catorce estados que ven bañadas sus costas con las aguas del Báltico, no ponen de su parte para sanarlo. Así tan bello, el Báltico es el mar más contaminado del mundo.

Los causantes de esto han sido las propias personas, la industria y la agricultura que han enviado sus desechos al mar. Otra de las causas es la política de despreocupación por la situación del mar. situación que se ha ido empeorando en el último centenio.

No estoy sola con mi preocupación. Según el periódico nacional, Helsingin Sanomat, los resultados de una encuesta dicen que los finlandeses están muy preocupados por la situación del mar. Muchos temen catástrofes de petróleo y piensan que cada responsable de las contaminaciones debe cubrir los gastos de saneamiento del mar.

Según la misma encuesta, solamente los polacos y suecos creen en sus propias posibilidades de influir en el estado del mar. Actualmente en las riberas del Báltico viven 85 millones de personas. Según estadísticas del 19.5.2011 en Finlandia sólo viven 5 381 282 y no todos los finlandeses viven en la costa.

El mar con vida nos llena de vida y también los hijos de nuestros hijos lo merecen.


En las aguas del Báltico

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