8/6/10

Achuapa no cambia

Nicaragua no cambia con los años. Así piensan muchos. Pisé territorio nicaragüense, después de 11 años. Llevaba ya 28 años fuera de Nicaragua, 10 en Cuba y 18 en Finlandia. Se pudiera pensar que con los años uno pierde el cariño a la tierra natal. No es cierto. Después de tantos planes de viaje fustrados y muchos años sin ver a la gente querida, las espectativas del viaje eran inmensas.
Mi gente, en su mayoría, vive en Achuapa, un pueblito al norte de León. La iglesia que en tantos recuerdos he tenido presente, allí estaba, en el mero corazón del pueblo. Ver las calles adoquinadas y casas en buen estado fue algo alentador.

La prosperidad tecnológica que hoy gozamos ha llegado también a Achuapa. En el pueblo hay un cibernet con unas diez computadoras en muy buen estado. El cibernet pertenece a la alcaldía. A pesar de la diferencia de horario, me pude poner en contacto al instante con mi gente de Finlandia. Los precios del cibernet son, desde el punto de vista de los nicaragüenses, cómodos pero no para ir todos los días.

Faltan muchísimos años y mejoras económicas en el país para que todos los nicaragüenses puedan tener su propia computadora en casa como en Finlandia.

Hace once años para llamar de Finlandia a Achuapa había que llamar dos veces, una para avisar que buscaran a la persona con quien se quería hablar y la otra para hablar. Hoy día los celulares han facilitado muchísimas cosas.

Estos avances en las telecomunicaciones recobran una gran importancia en un lugar donde mucha gente se ha ido al extranjero en busca de un sustento. Según valoraciones, entre 10 y el 20 porciento de los nicaragüenses viven fuera de las fronteras, la mayor parte en Estados Unidos y Costa Rica.

Lo común es que de la familia uno de los padres salga del país mientras el otro queda en casa cuidando de los hijos. No se puede decir que los hombres se van y las mujeres se quedan. La emigración es un problema que afecta a ambos sexos por igual.

La ruptura de las familias deja huellas no siempre positivas en sus miembros. En parte, gracias a las remesas que mandan los que se han ido, en Achuapa el comercio funciona mejor que antes. Oficialmente las remesas alcanzaron los 807 millones de dólares en el 2008, siendo la fuente de ingresos más importante del país en el extranjero. La añoranza y la tristeza por tener a alguien querido lejos, nunca podrán ser recompensadas por las remesas. En esta situación la buena tecnología de comunicación mantiene unidas a las familias y alivia la congoja.

El concepto amplio de la familia influye en la frecuencia y cantidad del contacto entre los familiares.. Debido a esto el negocio de las tarjetas de teléfono es exitoso en Nicaragua. A pesar de que todos los nicaragüenses no tienen posibilidades de adquirir su propio celular, vi pocas cabinas telefónicas.

También vi Nicaragua más de lo que había planificado. Un primo y la familia de mi hermana estaban esperándome en el aeropuerto. Del aeropuerto salimos para el pueblo, donde toda la familia estaba reunida festejando el cumpleaños de mi madre y donde todos me esperaban como ”regalo principal”. Queríamos llegar de día y salimos en dirección a Estelí para ahorrar tiempo. No sabíamos que la carretera de Estelí a Achuapa estaba en mal estado y llegamos tarde. Los paisajes de las cordilleras norteñas compensaron la lentitud del viaje. Llegar al pueblo fue toda una fiesta.

Además de visitar por lo menos a seis tíos que viven en el pueblo, también fui al pre-escolar del pueblo a llevarle a los niños unos dibujos con historias pequeñas y lápices de color que enviaban los niños de un pre-escolar de Nurmijärvi. Por su parte, los niños achuapeños enviaron dibujos a los niños de Nurmijärvi. En ambos pre-escolares conté a los niños sobre la vida de los niños en ambos paises. La experiencia fue muy positiva y quizá la próxima vez que viaje a Nicaragua se pueda repetir. Creo que en Nicaragua se necesita más capacitación del personal que trabaja en los pre-escolares. Aunque ellos hacen todo lo que pueden, la calidad de la educación pre-escolar de Nicaragua no se puede comparar con la de los pre-escolares de Finlandia.

El viaje de Achuapa a Managua a través de León es uno de los recuerdos más fijados en la memoria. El viaje en autobús escuchando las conversaciones de la gente, la música y disfrutando de los manjares que venden en cada parada valió la pena. Aprenderse los nombres de cada uno de los volcanes que se ve en el viaje, era pasatiempo predilecto de la niñez que volví a revivir. Lo curioso es que hasta ahora, por primera vez, tuve la oportunidad de subir al crater de un volcán, al Masaya. Mientras yo quería subir hasta la cúspide y me maravillaba de la existencia del lugar, mi madre temía hasta de ver el crater. Según mi madre, parecía cosa del demonio y recordó que a ese crater habían dejado caer mucha gente en tiempos de la guerra.

Cerca del parque nacional Volcán Masaya están los pueblos blancos. Ir a Nicargua sin ver los pueblos blancos y adquirir los productos artesanales de la región hubiese sido un gran error. La imaginación y creatividad de la gente es maravillosa.

Claro está que no todos los nicaragüenses tienen posibilidades de ver lo que yo vi y disfruté de Nicaragua en sólo dos semanas. Las diferencias económicas y sociales de los años 90 continúan. El gobierno actual ha hecho poco para resolver el problema de la pobreza, en parte por la crisis económica mundial, por la ya mala economía heredada de las administraciones anteriores y también por las negligencias del gobierno actual.

No obstante, los servicios de salud y educación son mejores que hace once años. Ahora también hay posibilidades de prosperidad aunque sea para algunos. Nicaragua ha cambiado, según unos, para mal y, según otros, para bien. En mi opinión Achuapa lo ha hecho para bien. Y lo más importante es que en algunos aspectos, como en la forma de ser de su gente, el país no ha cambiado.

El texto fue publicado en la publicación Nicaciones de la Asociación de Amistad Finlandia-Nicaragua en junio de 2010.

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